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¿Qué es el ‘Greenwashing’?

La moda es la segunda industria más contaminante del mundo y emplea a uno de cada seis trabajadores del planeta, muchas veces con sueldos precarios. El modelo de negocio fast fashion, moda barata hecha a coste mínimo para consumo masivo, nos ha llevado a comprar 400 veces más ropa que hace 20 años, y mucha acaba en vertederos. Pero mientras unos consumen a lo loco, otros empiezan a exigirles a las marcas más información sobre la sostenibilidad de su producción, así que los gigantes de la moda parecen ponerse las pilas.

En los últimos años han surgido colecciones con aires de sostenibilidad como H&M Conscious, Zara Join Life, Mango Committed o pijamas de algodón orgánico en Primark. Lo primero que nos viene a la cabeza es: ¿Pueden las mismas compañías que están causando esta situación ser también la solución?

Si algo tienen estas grandes multinacionales son recursos para cambiar, pero también para invertir en publicidad. Orsola de Castro, co-fundadora de la iniciativa Fashion Revolution,  cuenta que dado su alcance mediático, estas campañas de colecciones “sostenibles” tienen el poder de acercar la idea al público general, pero su impacto es puramente narrativo: “Estas colecciones son demasiado pequeñas, y no lo suficientemente rentables, para tener un efecto medioambiental o social real”.

Cherie Birkner es la fundadora de otra plataforma de moda sostenible, Sustainable Fashion Matterz, y aunque cree que estas campañas cumplen una función divulgativa, también recuerda que las compañías que las hacen son ‘greenwashers’ en toda regla.

El ‘greenwashing’ o ‘ecoblanqueamiento’ es una forma de propaganda o lavado de imagen de algunas empresas para parecer respetuosas con el medio ambiente.  Si H&M, por ejemplo, se presenta como héroe de la sostenibilidad pero luego usa solo el 0,7% de materiales reciclados, están mandando un mensaje engañoso de lo que significa ser sostenible. Según The Guardian, esta compañía tardaría 12 años en reutilizar 1.000 toneladas de residuos textiles, y esa es la cantidad que produce en 48 horas. No nos salen las cuentas.

“Si la moda es reflejo de la sociedad en la que se desarrolla, tendríamos que decir que ahora mismo la moda es contaminación y plástico”– Gema Gómez, directora de la plataforma Slow Fashion Next

La aplastante realidad es que la base de la producción de las grandes marcas de fast fashion sigue siendo perjudicial para el medio ambiente. Pero, ¿y si de verdad se han propuesto cambiar? H&M argumenta que su objetivo es “llegar a usar solo materiales sostenibles para el 2030, y convertirnos en ‘climate positive’ en toda nuestra cadena de valor en el 2040″. Pero, como consumidores, lo que leemos entre líneas es que H&M va a continuar contaminando y empeorando el calentamiento global durante los próximos 32 años, y eso siendo optimistas.

 

Inditex y Primark se vanaglorian en sus webs de los avances hacia la sostenibilidad. Avances como llegar eliminar la cantidad de químicos tóxicos en la producción de la ropa en 2020, lo cual es fantástico, pero te recuerda que como mínimo hasta entonces se seguirá contaminando. Celia Ojeda, responsable del programa Consumo y Cambios de Mentalidad de Greenpeace, cuenta que además de que no son representativas, otro efecto negativo de estas campañas es banalizar la moda sostenible fijándose solo en los materiales y no en el completo de la producción. “A menudo no dejan claro quién está haciendo estas prendas ni bajo qué condiciones trabajan”, critica Ojeda.

El problema estriba en que las multinacionales que externalizan su producción consiguen vender tan barato, entre otras cosas, porque en países como Camboya, Bangladesh o Vietnam los salarios son precarios y los derechos de los trabajadores no están garantizados. “El sueldo de los trabajadores textiles en estos países no supera los 200 dólares mensuales, lo cual no puede calificarse de ‘justo’ ya que no cubre las necesidades básicas de una persona”, recuerdan desde la Asociación de Moda Sostenible de Barcelona. Y no será por falta de recursos, porque los ingresos de Inditex en el 2015 eran superiores al PIB de Camboya.

H&M cuenta que el año pasado hicieron 1.200 visitas a las fábricas de sus proveedores para asegurarse de que se cumple su Compromiso de Sostenibilidad. También tienen previsto en este 2018 asegurar que el 50% de sus trabajadores cuenten con un representante sindical. Suena bien, pero eso significa que hasta ahora ni la mitad de ellos tenían voz para negociar salarios. Y, aunque esta es una de las multinacionales fast-fashion que más ha avanzado en materia de transparencia, todavía le queda mucho camino por recorrer.

 

Un modelo obsoleto

¿Es realista que este tipo de marcas lleguen a ser realmente sostenibles? ¿Es compatible eso con que compremos tanto, y tan barato? La respuesta de activistas y empresarios de la moda sostenible es alta y clara: Ni de casualidad. No es una cuestión de prácticas concretas, sino del modelo de negocio entero. “El actual modelo de producción y consumo de la industria de la moda es insostenible”, denuncia Delfina Zagarzazú, del estudio de innovación sostenible Innodriven, que añade que, además, “el deshecho y falta de uso de los productos muestra una clara falla en la propuesta de valor de las marcas”.

Estas compañías basan sus beneficios en producir ropa casi de usar y tirar, y se calcula que hasta el 20% ni siquiera llega a usarse. Además, según los datos de Greenpeace, hoy en día conservamos las prendas la mitad de tiempo que hace 10 años. Por eso, en la AMSA opinan que “el fast fashion siempre será incompatible con un modelo sostenible con el medio ambiente y la sociedad”.

Celia, de Greenpeace, comenta que no basta con hablar de economía circular sino que “hay que bajar el ritmo de producción y consumo”. “Cualquier negocio cuyo modelo está construido en base a la cantidad y no la calidad, y favoreciendo antes al capital que a la justicia, no puede ser sostenible”, aseguran desde la junta directiva de Slow Fashion Next. Por su parte, desde Fashion Revolution se hacen eco de que o bien reducimos el consumo, o no veremos una industria de la moda más sostenible. “Es demasiado simplista pretender entender todas las empresas de golpe, porque estamos hablando de un panorama muy amplio”, aclara su co-fundadora, Gema Gómez.

Entonces, ¿dónde encuentro ropa ética?

Nuestro consejo es que si dudas respecto a una marca que te gusta, investiga. Mirando su web o la etiqueta puedes saber qué materiales emplean, cuáles son sus proveedores, cuál es su origen, etc. En general, desde la AMSA nos animan a desconfiar de las marcas que no incluyen esta información y para Fashion Revolution, “exigirles transparencia es vital para poder rendir cuentas en el futuro”. Pero lo principal como consumidor es usar la lógica antes de comprar. Greenpeace nos recuerda que solo con conservar la ropa dos años en lugar de uno, reduces tus emisiones de CO2 en un 24%.

Una crítica compartida por la ASMB  insiste en que la producción sostenible no puede basarse en la competitividad por precio, sino que “las marcas tendrían que empezar a competir tanto por su buena calidad como por sus buenas prácticas medioambientales y sociales”. Es cierto, nos han acostumbrado a un imperio de la moda de usar y tirar, pero ya no somos consumidores basura: exigimos calidad, y no solo en la ropa, sino en la vida de quien la ha confeccionado y en su respeto por el planeta.

Fuente: www.codigonuevo.com

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