La organización sin fines de lucro y multisectorial hoy agrupa principalmente a mayoristas y pequeños industriales en los rubros del calzado, la marroquinería y los textiles, a cuyas necesidades se ha ido amoldando.
El estancamiento fabril de la década del '90 se tradujo en la escasez de mano de obra calificada, que en la Ciudad de Buenos Aires se replegó y quedó circunscrita a los barrios de Balvanera y Boedo. Con el correr de los años y el crecimiento de la producción nacional de los tiempos recientes, el proceso se revirtió y se incrementó la demanda de personal idóneo en la confección de los insumos.
"El resurgimiento genera esta necesidad: notamos que faltaban cortadores, pegadores, gente que supiera armar un molde", explica Alejandro Skrepnik, secretario de Cadmira. Fue así que directivos de la organización vislumbraron la posibilidad de enseñar los oficios a las nuevas generaciones, transmisión que antiguamente se realizaba de padres a hijos o en las mismas fábricas.
Actualmente, Boedo es prácticamente el centro comercial más grande de Latinoamérica en materia de insumos para la marroquinería y el calzado, disputando el reinado a la ciudad brasileña de San Pablo. "Todo empezó como algo romántico, a pulmón", rememora Skrepnik, quien cuenta que, en el intento por documentarse, los socios de la cámara no lograron hallar ningún libro que relatara la historia de los oficios en el país. A raíz de ello, encomendaron a la escritora e historiadora Araceli Bellota la redacción de una obra titulada Artes y oficios en la Argentina - Dos siglos de trabajo nacional, que Cadmira ha publicado en una edición ilustrada con sorprendentes imágenes antiguas y bellamente encuadernada por los alumnos de la escuela en dos tipos de cuero. Skrepnik apunta que Manuel Belgrano fue el primer impulsor de los oficios en la Argentina, a la vez que menciona a Italia en materia de preservación de los oficios tras la segunda guerra mundial como motor de reactivación de la economía golpeada tras la contienda.
Actualmente, la Escuela de Oficios de Cadmira, que a partir de 2012 es un centro de formación oficial, cuenta con más de 2.400 egresados en siete años de sus cursos y seminarios. Varios de ellos cuentan incluso con emprendi-mientos propios.
En términos concretos, la enseñanza que se impartirá este año contempla: modelaje y corte de calzado; aparador y mesita de calzado; modelista industrial en marroquinería; costura industrial en marroquinería; corte, rebajado y trabajo de mesa en cuero para marroquinería; seminarios de billeteras y ficheros, flores en cuero y fajas y cintos, y moldería industrial de indumentaria. Los cursos son intensivos y duran cuatro meses.
"Nos dimos cuenta de todo lo que se puede hacer cuando uno se involucra", subraya Skrepnik, a la vez que señala que la capacitación laboral se traduce también en integración social y lucha contra la discriminación, ya que entre los alumnos hay personas con capacidades diferentes. En efecto, en 2009 -a instancias de Miguel Kacz-mar, presidente de Cadmira- se lanzó el Taller Básico de Marroquinería para Jóvenes y Adultos con Capacidades Especiales, único en su tipo en el país. Los alumnos son estudiantes de las Escuelas de Educación Especial y Formación Laboral N° 22 "Pedro B. Palacios Almafuerte" y N° 37 "Francisco Gatti". Entre ellos, hay un grupo de adultos ciegos a cargo de un profesor también ciego, según explica Carina Zeli, gerente de Cadmira, quien participa en la entrevista aportando datos numéricos En 2008, apenas tres años después de su fundación, la Escuela de Oficios fue declarada de Interés Educativo y Social por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Recientemente, la Legislatura de la Ciudad cedió a Cadmira el Salón Dorado para la entrega de los certificados de estudio.
LA CADMIRA
- Fue creada en agosto de 1947, con el nombre de Cámara Comercial Mayorista, en un momento en que la economía mundial comenzaba a cambiar.
- Más información: Junín 265/67, CABA, tel./fax: (011) 4953-4441.
e-mail: info@cadmira.org.ar, cursos@cadmira.org.ar, web: www.cadmira.org.ar
Fuente: Por Lidia Bortolín, para Buenos Aires Económico.